| En este
reportaje os ofrecemos el relato de una de
las excursiones más impactantes que
ofrece Los Caños de Meca. Avisamos
que es una excursión dificil y con
cierto riesgo, no sólo por el peligro
(remoto) de desprendimientos sino también
por lo complicado del trayecto.
En cualquier caso, la belleza
paisajística, los restos fósiles
y las cascadas de agua dulce al final del
camino bien que merecen la pena.
El paseo a los chorros parece
devolvernos a épocas prehistóricas
de dinosaurios y parajes salvajes
e inexplorados. Todo depende de la
imaginación del visitante, y para ello,
esta excursión es perfecta.
La ruta comienza donde acaba
la carretera que cruza Los Caños, en
la zona conocida como Los Castillejos,
que es el último punto habitado de
Los Caños, y a partir de ahí
el camino continúa bajo pinares y acantilados.
Nuestro punto de partida es la playa
nudista, de gran belleza paisajística
y autentico centro neurálgico del hipismo
y el nudismo.
Posiblemente en ningún otro lugar de
Los Caños se respira tanto ese ambiente
de hierba, sol y desnudez que han caracterizado
a estas playas desde el boom turístico
de los 60.
Las rastas siguen predominando aunque cada
vez van cediendo más espacio a los
nuevos inquilinos de sombrilla y nevera dominical.
La playa no es muy extensa, se cruza en menos
de 5 minutos, dependiendo del paso del caminante
y de su grado de curiosidad ante lo que el
entorno ofrece. Es una playa arenosa aunque
con tramos rocosos, de agua transparente y
limpia pese a lindar con 50 metros de arenas
cerradas por una insalubridad vergonzosa.
La playa transcurre bajo los primeros
acantilados , llenos de pino y arbusto,
merece la pena subirse a ellos y contemplar
la belleza del entorno, sobre todo cuando
el sol empieza a caer.
Conforme avanzamos hacia
los acantilados la playa se va estrechando
hasta que de pronto la arena termina y comienza
el tramo rocoso. Hay que esperar a la marea
baja para atravesarlo cómodamente.
El paisaje cambia totalmente y nuestro trayecto
transcurre entre grandes bloques de
piedra que algún día
se desprendieron de la pared por efecto de
la erosión. Sobrecoge mirar hacia arriba
y pensar que alguno de esos salientes puede
desprenderse en cualquier momento, algo que
lejos de ser imposible constituye un peligro
real tal y como advierten varias señales
de peligro.
La vista se hace insuficiente ante tanto aliciente
natural: a un lado el mar azul que choca con
las piedras y al otro el imponente precipicio,
reino de gaviotas y salpicado de mil formas
caprichosas producto del viento y de la fragilidad
del sustrato.
Con cierta facilidad recorreremos
el primer tramo , que, con marea baja se puede
hacer caminando sobre rocas y arena. La ruta
nos lleva aproximadamente una hora y se dificulta
un poco a la mitad, cuando unos enormes bloques
rocosos nos impiden el paso facil a pie y
nos obligan a tomar un estrecho camino a la
izquierda, en la base de los acantilados.
Tras algun que otro titubeo
y teniendo cuidado de no resbalar , llegamos
a una cala salpicada de grandes rocas y tras
ella encontramos casi de repente la pequeña
cascada de agua dulce , fin de nuestra
excursión y punto de gran interés
natural donde recargarse de energía
y donde darse, por qué no, una ducha
fresca con un agua que sale de las entrañas
de la tierra para parar a la arena de una
pequeña cala que desaparece con la
pleamar.
Los más aventureros
pueden continuar más adelante y verán
dos bonitas cuevas y tras
ellas un camino ascendente bastante dificil
que llega al último lugar accesible
a pie: la cala verde.
|